viernes, 1 de junio de 2007

Cambio

Hay un cambio? Y... sí...ya no puedo escribir esa ridícula poesía que escribía antes... jajaja, por un lado es mejor, pero igual me gustaría escribir poemas, pero buenos, no tan falsos y forzados y ridículos... Será que no lo llevo en la sangre no más. Igual no puedo decir que las historias de ahora son taaaaaaaaaaaaaaan buenas, pero por lo menos me sirven para entretenerme y no son taaaaaaaaaaaan falsas y ridículas, creo. Qué sé yo!!!!!

El cambio es que antes escribía "poemas" y ahora me da por narraciones en prosa, quién sabe dónde va a terminar esta custión. Mientras pueda disfrutar escribiendo cosas, aunque sean sin importancia, voy a seguir haciéndolo, too el rato!!! jajaja

Muakz para mí



Anastasia

Todos los días me tiro en el pasto cuando hay sol por la mañana. A veces saco el chal que ponen en mi casa para que no pase frío por las noches, lo pongo sobre el pasto y me echo sobre él. Duermo bien, no paso frío. Cuando veo que vienen con el chal muevo la cola y entro rápido a la casa.

Me gusta mirar a esos bichos que andan en fila y apurados. A veces tapo a uno con mi pata. Siempre pasan por abajo de ella. No sé cómo lo hacen. Miro mi pata para ver si tengo algún hoyo por el que puedan haber pasado y no. Mi pata no tiene hoyos, sólo montículos y garras. Los bichos deben ser tan chicos que caben en el espacio entre mi pata y el suelo.

Me gusta moverle la cola a la gente. La veo pasar todos los días. Algunos me dan pan. Otros me hacen cariño. No me gusta que vengan perros de otras casas y hagan caca en el pasto de afuera. Es mi territorio. Mis dueñas lo riegan y limpian. Les ladro a los intrusos. Les ladro lo más fuerte que puedo. Ellos se burlan de mí. Me miran. Nada más. Sólo porque no puedo salir a defender lo que es mío. Estoy tras estos barrotes negros. Cada vez que alguien se descuida, me escapo y marco un poco afuera. No dura mucho. Luego llegan otros a mear.

No me dejan salir mucho. Nunca, de hecho. No me sacan ni pa´ los temblores, como he oído decir por ahí. Envidio a esos perros que pasean con sus dueños en la calle. Sobre todo a los que pueden ir sin correa. Como odio a los que pisan mi pasto y lo mean. ¡Que se vayan a mear a otro lado! A veces sale mi dueña grande y los echa. Yo me siento mal, humillada, porque es como decirme que yo no soy capaz sola. No saben nada del honor canino. Ellos se burlan de mí. Me miran. Es todo lo que basta para hacerme hervir la sangre. Ladrar, ladrar, golpear con mis patas los barrotes, es todo lo que puedo hacer cuando eso sucede. Sólo pensarlo me hace querer explotar.

Ladro y ladro, tan enojada, que termino chillando. Otra razón más para que se burlen de mí. Porque ladro como "niñita". Tan agudo que hago sufrir de dolor de oídos a mi dueña. Sale a hacerme callar. Me grita con el ceño fruncido. Así termina de humillarme. No basta con tener que ver que otros perros se paseen y usen mi territorio, ¡NO! Ahora tiene que venir ella a desautorizarme frente a los demás. Y en el único espacio exclusivo que me queda.

Bueno, en realidad no es tan exclusivo tampoco. O sea, no tengo ningún territorio sobre el que domine sólo yo. Tengo que compartir el antejardín con un armatoste inmenso que tiene unas cosas redondas abajo, parecen sus patas. "Auto", he oído que le llaman. Mi ama se sube a él. Lo tiene domesticado parece, porque le obedece en todo. A mí también me tiene domesticada, pero nunca voy a dejar que se suba en mi lomo, aunque la quiera mucho. ¡Qué aberración! Las mascotas no estamos hechas para eso.

No todo es tan malo...como dije al principio, duermo calientita en mi casa. Todos los días me ponen comida en un plato y agua en otro. A veces, me dan algo que se llama galleta. También me dan huesos. Pero éso es de vez en cuando. Yo no sé por qué me dan ganas de saltar cuando veo la comida. Quiero ser su amiga, pero le doy miedo, porque soy más grande que ella. Salto tan entusiasmada que la rompo y queda esparcida en pedacitos por todo el suelo. Por eso debe tenerme miedo, porque la rompo. Cada vez que la ponen en el plato, la comida no quiere jugar conmigo.

Mis dueñas pasan sus patas, a las que les dicen "manos" por mi cabeza y orejas. Me rascan la panza. Me hablan bajito y muestran sus dientes, pero no para pelear, sino que para demostrarme que me quieren y que les agrado. Los humanos son distintos a nosotros. No muestran sus dientes para pelear, lo hacen para hacer amigos.

Cuando pelean hacen lo equivalente a ladrar: "gritar". En eso sí que nos parecemos. Cuando yo me enojo con algunos de los perros o los gatos del pasaje, les ladro hasta quedar sin guau. No puedo controlarme y viene mi dueña a hacerme callar. No me deja de molestar eso. Yo no las hago callar a ellas cuando grita en la casa grande. Y eso que son gritonas, porque a veces chillan sin motivo, y muestran los dientes. Eso no debe ser una pelea. Pero no sé qué es. Son tan raros los humanos...

En la casa grande hay dos gatos. Una gorda y y otro peludo y flaco. A ella le dicen Josefina y a él Poncio León. A veces sólo les dicen gatita y gatito. A mí me dicen niña, perra y perrita. Pero hay una palabra que escucho siempre:Anastasia.

Consuelo II

Y mientras esperaba empezó a pensar en todo lo que había vivido en el último año y medio, la separación que no se concretó, la enfermedad de su marido, la muerte de su abuela, la de su padre y la responsabilidad de que todo siguiera funcionando bien.

Les había costado mucho llegar a esas instancias. Siempre discutían y sabían que ya no daba para más, pero seguían juntos. Hasta que ella se cansó de que él nunca reconociera sus errores y decidió poner fin a la situación. Él se entristeció mucho. Comenzó a enfermarse seguido, bajó de peso, se veía pálido y cansado. Iba al trabajo en auto, para no agotarse con las escaleras del metro.

Él le pedía otra oportunidad. Ahora que sabía que ella ya no sería suya, lo sentía, sentía el vacío que quedaría en él. A pesar de todo, se compró un departamento cerca de la casa. Ya estaba todo listo. Habían conversado sobre cómo sería la vida cuando ya no vivieran bajo el mismo techo. Él le dijo que quería pololear con ella cuando se fuera. Ella le dijo que no iba a tropezar con la misma piedra dos veces. Le dio pena acordarse de eso. Si hubiera sabido lo que pasaría y el amor que él sentía por ella. Lo supo después. Ya era demasiado tarde.

Apareció el conserje para decirle que había llegado la joven. Ella bajó del auto y se acercó a ella. Era linda. Tenía el pelo largo y castaño, y la tez lisa y clara. Se saludaron con una sonrisa. Subieron. A la joven le encantó el departamento. "Qué lindo, qué tranquilo, qué bien distribuido el espacio". Tenía 24 años y llevaba dos años de casada. Habían pololeado dos años antes. Había estudiado una carrera antes de casarse, pero no terminó por falta de dinero. Ahora había empezado a estudiar otra vez, con el apoyo de su esposo. Él la llamó al celular. "¿Alcanzo a llegar para ver el departamento?". "Sí, obvio, te espero".

A los minutos después, apareció él. Agitado y sonriente. Era alto y robusto, usaba lentes. Había estudiado informática y ahora tenía dos trabajos, además de los pitutos. Saludó a su mujer con un beso y a su posible arrendadora con un fuerte apretón de manos. Le gustó mucho el lugar. Lo encontró todo bonito. Le explicó a ella que a lo mejor no podría pagar de inmediato el mes de garantía, pero sí el primer mes de arriendo. Le dijo que le llevaría su papel de antecedentes, que tenía dos contratos indefinidos, que había pedido un crédito que estaba al día, que ganaba 400 mil pesos fijo y que no tenía cuenta corriente.

A ella le cayeron bien. Los quiso ayudar. Pensó que eran personas honestas y que debía darles la oportunidad de confiar en ellos. Ellos dijero que se querían mudar el sábado de esa semana. Firmarían el contrato el viernes. Ella dejaría que le pagaran el mes de garantía en dos cuotas. tenía que confiar en ellos, por la señal. Se despidieron los tres sonrientes y ella partió a su hogar.

Contó a sus hijas lo que había pasado. Que esperaba, que la canción, que la señal, que la pareja joven, que la honestidad y que el departamento tenía nuevos arrendatarios. Se emocionó. Sus ojos enrojecieron, brillaron y algunas lágrimas rodaron por sus mejillas. "Ésta no ha sido una buena semana para mí, pero saber que tú papá está aquí, con nosotras, me deja más tranquila".

Fue a limpiar el jueves. Lavó la alfombra, las ventanas y sacudió. Cuando volvió a su casa, se sintió por fin con ánimos de ir a nadar, así que fue con su hija menor. Esa semana había sido de verdad mala para ella. Se daba vueltas por las noches pensando en los últimos minutos de él, en que no merecía eso, en que por qué, por qué, por qué. Se sentía sola.

Nunca había sentido la soledad, a pesar de no ser muy sociable. Ella estaba bien. Le gustaba que su círculo fuera su familia. Ahí la querían, ahí estaba su lugar. No tenía amigas ni amigos, pero por opción propia. Se bastaba a sí misma para resolver sus cosas. Cuando la invitaban a salir, por lo general a ella le daba lata y prefería quedarse con sus niñas. Pero ahora las cosas eran diferentes. Sabía que él no estaba. Era una ausencia. No sabía que le haría tanta falta ni lo mucho que le dolería saber que él no existía.

Cuando él estuvo vivo, ella siempre pensó que él sin ella no sería nada. No sabía planchar, ni cocinar, ni lavar, ni hacer aseo, ni coser, ni criar a sus hijas, ni pedir una hora al doctor. Nada, no hacía nada solo. Por otro lado, le exigía a ella que lo hiciera todo y que lo hiciera bien. Ella lo acostumbró así desde que recién se casaron, porque estaba enamorada y quería satisfacerlo en todo y además quizás hacía dejaría de buscar placer afuera.

Con el pasar de los añós ella empezó a liberarse cada vez más, al darse cuenta de que él no reconocía sus errores y que no valía la pena tanto sacrificio। Para qué, si él no la iba a querer más por todo lo que ella hacía y no sabía si en realidad, quería ya que él la amara, si en realidad ella le tenía cariño y no amor.

Todo con él era una discusión. Todo lo que ella decía él se lo rebatía y al revés. Sentarse a comer en familia era pura tensión. Por cualquier detalle, la ira podía estallar. Primero él hablaba lento y articulando mucho como si ella fuera tonta. Ella se enojaba y respondía rápido con palabras cortantes que volaban como navajas sobre su contendor. Él las esquivaba con más y más argumentos, lentos y articulados, lejanos, fríos, como bombas que caen sobre el enemigo, sin dejarle ver la ira de quien las arroja. De pronto ya él se daba cuenta de que su estrategia no funcionaba y empezaba el ataque cuerpo a cuerpo, con ataques directos al enemigo. Se sacaban en cara cosas, que tú siempre haces esto, o lo otro y terminaban subiendo más y más el tono hasta que de repente él ya no aguantaba más, se paraba brusco, se iba y todo quedaba en silencio.


jueves, 31 de mayo de 2007

Consuelo

Se subió al auto, cerró la puerta y encendió la radio. Sonaba "My Way", de Frank Sinatra. No era la primera vez que pasaba. Cerca de uno o dos meses antes, cuando hacía un trámite con sus hijas en la notaría, también le sucedió. Estaban ahí para firmar el acuerdo que decía que sus hijas, delegaban en ella el poder para hacer y deshacer con el dinero que heredaron de su esposo. Era importante. Eso era lo que él quería, lo que sus hijas querían y lo que ella quería. Cuando habían firmado, una de ellas le dijo: "¡Mamá! Escucha". Era aquella melodía, saliendo por los pequeños parlantes negros pegados al techo de la estancia de paredes que parecían madera. Se quedaron en silencio por un momento. Tragó saliva. Quiso llorar. "Esto es por algo". No podía dejar de pensar que era una señal, una buena señal.

Se acomodó en el asiento mientras esperaba a que llegara la joven a la que le mostraría el departamento para arrendarlo. Hacía frío
así que pidió al conserje que le fuera a avisar al auto cuando ella llegara. El departamento lo había comprado su esposo cuando se estaban separando. No sabían en ese momento que seguirían juntos, hasta la muerte. "Es de nuevo esta canción, es otra señal". La joven y su esposo debían ser perfectos para arrendar. "Eso debe ser lo que él quiere".

Ella sentía que su esposo siempre le decía cosas de esa forma: con signos que tenía que interpretar. Semanas atrás, había ido a ver qué le correspondía legalmente como esposa del difunto. "Nada". Ella no lo podía creer. En 20 años no había conseguido ninguna pertenencia, todo por haberse casado con separación de bienes. "Por orgullosa". No se casó con asociación matrimonial, porque después tendría que pedir autorización para todos los movimientos de negocios y platas, a su marido. Ella no quería eso. Pero días despues de que le dijeran que no tenía nada, le dijeron que se habían equivocado, que igual el 50% de las cosas eran suyas y el otro 50%, de sus hijas. Se puso feliz. En 20 años, no estuvo chupándose el dedo, sino que trabajó por su familia. Por construir a una, una que estuvo a punto de separarse.

Después de la buena noticia, ella fue a su casa, dejó el auto afuera y al abrir la reja se dio cuenta de que la puerta de entrada a la casa estaba abierta hasta atrás। Le preguntó a su hija si ella se le había quedado abierta y ella le dijo que no, que recién había pasado por ahí y estaba cerrada. "Otra señal". Ella pensó que él le estaba diciendo: "¡Entra, tonta! Si ésta es tu casa".

Así ella había estado viviendo de señales hasta ese día, en que esperaba por la potencial arrendataria del departamento। Y seguía haciéndolo. No era algo que ella hubiese escogido, era algo que sólo resultaba así. Siempre en momentos cruciales, ella sentía que él se hacía presente, como dando a entender que estaba de acuerdo con lo que ocurría. Ella creía firmemente en eso. En que las señales eran expresión de su esposo muerto.

Nunca sintió que lo que ella percibía, esas manifestaciones de él, pudieran ser formas de consuelo que ella misma se creaba, para pensar que él, donde quiera que estuviese estaba bien y conforme. Que a pesar de no existir en cuerpo, se presentaba y preocupaba por ella y las niñas. Sentía que volvía de vez en cuando a echar una ojeada. Ella no era capaz de vivir, pensando que él ya no estaba en ninguna parte. Tenía que aferrarse a algo y eso eran las señales, pequeños salvavidas que le ayudaban a salir a flote y le decían: "Estoy aquí para tí cuando me necesites". Y por lo demás, ¿quién podía asegurar si era él o no? No hacía daño a nadie con su pequeño consuelo.


martes, 29 de mayo de 2007

No sé por qué

Hoy cuando volvía a mi casa, entré al metro. Mi credencial hizo bip! y yo sin pensar. Bajé las escaleras sin siquiera darme cuenta. No sé si había más gente o no. Lo hice o mis piernas lo hicieron. No sé qué pasó mientras esperaba el metro. No me acuerdo. En qué pensaba, tampoco. Llegó el metro y me acomodé en un espacio en el que sólo cabía yo, mi mochila y mi bolsito del almuerzo, "la cocina", como le dijo alguien por ahí. Quedé apoyada en la puerta, casi no tenía cómo afirmarme. Se que hacía calor, pero no me importó. No me saqué la bufanda, aunque me sentía ahogada. De pronto llegamos a Los Héroes, "estación de combinación con línea 2" y entremedio no sé qué pasó. Recuerdo empujones y después, dejarse llevar. Subí la escalera y de nuevo sin saber si había alguien más. Caminé hasta el andén y ahí esperé. No sé cuánto esperé, ni al lado de quién, ni cómo tenía mi mochila, no sé nada. Subí al metro. Me acomodé en un lugary ahí me quedé, sin pensar. En Lo Vial, supe que en la próxima estación me bajaba. Tomé miscosas y me acerqué lentamente a la persona que estaba adelante. No recuerdo en este momento quién era, pero cuando llegamos a Departamental, le dije:"Permiso". Iba con audífonos, pero no pensé. Igual se dio cuenta de mi presencia y me dejó pasar. Me bajé y subí. Salí. Caminé. Llegué a mi casa, comí una manzana y una naranja. Saqué unos libros de mi mochila y de pronto, estoy aquí. No sé por qué.

domingo, 27 de mayo de 2007

Sin título

Esto es del 2001, pero no sé en qué pensaba cuando lo escribí. Habré estado drogada...jajaja...no mentira.

Bueno, aquí está:

Me he preguntado,
¿Es normal lo que pienso?
Ysi es normal,
¿es bueno o malo?

Me hago tantas preguntas,
que no sé...
¿Cuestiona tanto las cosas
cualquier persona normal?

Y si es normal,
¿está mal?
¿o es lo normal,
lo que está mal?

Se me ha venido a la cabeza,
¿Y si lo normal
y lo anormal no existe?
¿Todos estamos bien entonces?

¿O estamos todos mal?
¿O somos todos anormales?
Y el único normal
es el de arriba?

Quizás estaba destinado
que así fuera,
¿y si no es bueno o malo,
sino lo que el destino nos tenía asignado?

Esto es lo más malo que he escrito en mucho tiempo. Es horrible. Sin comentarios.

Qué porquería.

Me gustaría

Bueno, esto es otro poema del 2001. Qué mente más productiva en aquellos tiempos!

Cómo dice???

Me gustaría
poder descubrir
hasta donde llega
el sendero de tu corazón.

Me gustaría
poder sentir
la frescura
del mar de tus pensamientos.

Me gustaría
poder ver
lo que guarda
el cofre de tu corazón.

Me gustaría
poder tener
la llave de oro
que abre los portales de tu amor.

Y eso sería. No más mamonerías, ni cursilerías por hoy. ¿Qué es eso del sendero del corazón y el marde pensamientos? Y quería verle el "cofre" y abrirlo con una "llave de oro", no podía ser de otra cosa. Y como que cofre se me hace como que había un tesoro, o algo así, quería la plata del gil, nada más. jajajaja Qué es esoooooooooo!!!!!!????

Tan- tan!