viernes, 29 de junio de 2007

Suicida frustrada

Qué pasó... quién sabe... Las ganas de morir me acompañan siempre. Las ganas de explicarlo me carcomen. No hay un por qué. No soporto que no haya un por qué. Lo necesito. Lo necesitan. En mi estómago cabe de todo, pero mi cuerpo no absorbe ni la mitad de lo que hay ahí. Qué ganas de hacerme daño, de las más estúpidas y cobardes formas. Dejaría de comer o comería mucho. Fumaría por montones. Bebería muchos litros de alcohol. Haría el ridículo frente a todos. Tendría malas notas. No dormiría. No haría deporte.

Soy cobarde. Mejor, que pase luego la vida para estar abandonada en un asilo o qué ganas de que me atropellen para dejar de existir de una vez por todas. Qué ganas de que me asalten y me acuchillen. Qué ganas de que me disparen. De que me corten en pedacitos. Qué ganas de que rompan mi piel. Que rompan mis genitales. Que me humillen y terminen conmigo. Y ojalá que de verdad tengan éxito.Porque yo no lo haré. Todos lo sabemos. Y no lo haré, aunque quiera hacerlo. Me cortaré las venas con hojas de lechuga y dejaré de ver televisión un rato. Fumaré y dejaré de comer un rato. Después me llenaré. Y después me encerraré en mi pieza.

Es que tengo pena. Y es que tengo ganas de morir. Pero no me atrevo. No lo haré. Eso odio de mí: la cobardía. Lo intenso que es el sentimiento y lo fácil que se me hace negarlo. Quiero morir, pero no se nota. Qué bien. No lo haré. Viviré con las ganas. Como una suicida frustrada.

martes, 26 de junio de 2007

Cuesco de durazno

Esos duraznos eran grandes y redondos como una pelota de tenis. De piel lisa y brillante. Cuando llegamos a la sala de espera, le di el primer mordizco al mío. Estaba contenta. Pensé que cuando despertaras te contaría que habíamos comprado duraznos súper baratos en el súpermercado. Sonreí al pensar que tú dirías que estábamos locas y que la sala de espera no era para hacer pic nic. Sonreí al imaginar tu cara de reprobación y resignación, como aceptando que en realidad éramos un caso perdido y mejor te lo tomabas para la risa.

El sabor dulce de la carne amarillo oro me hizo pensar en los días cuando despertaras y saliéramos de ahí. De ese lugar blanco, azul, lleno de gente que esperaba todo el día, junto a nosotros. Imaginé días con sol y tú regando afuera, en medio de un verde intenso. Miré la fruta redonda y sin fisuras, interrumpida por mi mordizco, así como tu vida y la nuestra había sido cortada hace más de un año atrás. No importaba. Estaba contenta. Ibas a estar bien y yo te iba a contar que habíamos comido duraznos. Eran perfectos: dulces, pero no hostigosos; duros, pero no verdes; húmedos, pero no goteaban jugo pegajoso. Te habrían gustado. Con sólo verlos habrías pedido a mi mamá que te picara uno y te lo llevara a la pieza.

Seguí comiendo, sintiendo el sabor fresco en mi boca y pensando en qué haríamos cuando despertaras. Estaba contenta. Habían dicho que estabas un poco mejor. Yo me ilusioné. Esperé lo mejor. Terminé de mordisquear mi durazno pelado y quedó sólo el cuesco, feo, oscuro, duro, lleno de surcos. Lo boté a la basura. Me hubiese gustado que no se acabara. Pero estaba contenta, porque ya ibas a despertar.

No me explico lo que pasó al día siguiente. Te fuiste y no has regresado hasta hoy. Parece que no vas a volver. Recuerdo que ese día pensé en el cuesco de mi duranzo. Traté de entender lo que sentía. Traté de integrar mi desorientación y mis moléculas, que estaban por huir cada una por su lado, en un cuerpo con brazos y piernas, que siente y que piensa. En una dirección. Por un camino. Sólo logré traer a mi mente ese cuesco. Me habían despojado de mi carne y quedaba llena de hendiduras, desnuda, oscura. Lo mejor para mí era que me tomaran por un desecho más y me dejaran morir en la basura. Estaba vacía y no quedaba nada para ofrecer.

viernes, 22 de junio de 2007

Mala perdedora

Me encanta conversar contigo. Mirarte. Sentarme junto a tí. Me gusta que te rías de lo que digo. Que te burles de mí. Que inventemos planes para el futuro. Planes imbéciles, sólo por el placer de inventar. Si supieras que me encantas... se acabaría. Ya nada sería igual. Me gusta que me mires y que te pongas nervioso cuando devuelvo la mirada. Y ves hacia otro lado y yo también. Y vuelves a mirar y te descubro otra vez. Es un juego que se repite todos los días. Qué viciosos.

Me gustan los juegos. Sobre todo esos en los que yo pongo las reglas. Sobre todo los que no necesitan que los participantes se pongan de acuerdo, porque las cosas sólo fluyen. A veces creo que estoy jugando sola. Pero de pronto, respondes en los códigos de mi juego y sé que tú también juegas. Yo tengo mi juego contigo. Tú tienes un juego conmigo. Y somos egoístas, porque tenemos juegos paralelos y no queremos compartirlos. Es mejor así. Yo pongo mis reglas, tú pones las tuyas. Nadie discute.

Si juntáramos las fantasías que tenemos en la mente, sé que vamos a estar en desacuerdo. Y yo no voy a querer dejar de jugar el juego como a mí me gusta. Tú vas a querer tener tus reglas y jugar como lo has hecho hasta ahora. Nos separaríamos y no podría jugar más contigo, porque aunque es MI juego, necesito que estés TÚ para jugarlo. Y no quiero dejar de hacerlo. Ya estoy en una de las etapas más avanzadas. No sé si tú en tu juego tienes etapas como las mías, pero no creo que quieras dejar de jugar. Te gusta. Se te nota cuando me miras.

Si dejo de jugar, voy a destruir todos los castillos en el aire armados y conseguidos hasta acá. Mi puntaje va a quedar en cero. Soy muy mala perdedora. Si tú dejas de jugar, vas a perder. Y no puedes tolerar la derrota. Si mezclamos los juegos, vamos a tener que reiniciarlo si es el mismo. Si son distintos, vamos a tener que sacar uno nuevo de los dos. Eso tomaría tiempo, tiempo que no estoy dispuesta a dar. Prefiero seguir jugando sola, porque avanzo más rápido y no paso malos ratos.

Creo que perdiste. Dejaste de mirarme y hablarme. Estás lejos y si yo no estoy, no puedes jugar. ¿No quieres jugar más? Parece que sí podías tolerar la derrota. Obvio, si encontraste otro juego. Me podrías haber avisado, porque si tú dejas de jugar conmigo, entonces me obligas a buscar a otra persona para jugar. Porque este juego es sólo contigo. Qué egoísta eres. No pensaste en ningún momento que si tú dejabas de jugar, me ibas a dejar a mí sin diversión y con el fracaso a cuestas. Y yo, soy muy mala perdedora.

jueves, 21 de junio de 2007

Voy a buscarte

A veces me desespero. Siento ganas de ir a buscarte. Quiero saber qué fue de tí. Dónde estás. Cómo estás. Pero no sé cómo hacerlo. Ni dónde podría empezar. ¿A quién le pregunto? Y me desespero. Deberías haber dejado una dirección. Un número de teléfono. No entiendo por qué tanto misterio. Me da rabia. Siempre hubo cosas que no supe de tí. Y aún es así. No sé dónde ni cómo estás o qué haces. No sé si eres feliz. Nunca lo supe en realidad. No sé si te acostumbras. No sé si para tí el cambio fue tan brusco como para mí. Y me desespero.

Me doy cuenta de que en toda una vida, no supe mucho de tí. Y después, sigo sin saber. Y quiero ir a buscarte. Pero dónde. Estás evitando los lugares acostumbrados. Porque ya he estado ahí. Y tú no estás. Era tan simple como que dejaras una dirección. Una indicación para buscar en un mapa y yo te aseguro que habría llegado. Tengo todas las ganas. Quiero hacerlo. Pero ¿cómo actuar? El cassette de Pin Pon que nos regalaste, decía que hay que actuar con "mucho método, método, método, método, mé- to- do". Puta. De a dónde lo saco. Tengo la energía y no sé cómo usarla para encontrarte. Hubieses dejado una lista con instrucciones para eso. Si dejaste para todo lo demás, ¿por qué no dejaste para encontrarte? Y me desespero. Me muevo. Grito. Canto. Bailo. Salto. Se me hace pequeño el espacio. Me presiona, me ahoga y tengo que detenerme. Y la energía y las ganas siguen ahí. Y se transforman en rabia, porque fueron frustradas. Fueron contenidas.

Tengo que encontrarte. Así mi cabeza va a dejar de funcionar un rato. Y me voy a detener por voluntad propia, no porque el espacio me quite libertad. La realidad no me deja ir a buscarte. No tengo tiempo para idear un plan. No me dejan. Me piden cosas. Que haga esto, lo otro. Y yo sólo quiero saber cómo encontrarte. Vacaciones. Ése va a ser el momento en que te busque de verdad. Me pongo mi mochila, junto mis cosas, los bototos más firmes, la ropa más abrigada y un montón de chocolates. Empanadas de pino también, por si te encuentro y tienes hambre. Un mapa del mundo y del cielo, en el que se vea cada nube con nombre y número, porque debes tener dirección. Un diccionario de cada idioma, porque le voy a preguntar por tí a todos. Y te juro que voy a buscarte. Espera a que tenga tiempo. Voy a encontrarte.

Buen Lejos

Camino por la calle. Unos tipos me miran el gordo trasero. Qué linda... Si supieran que tengo la piel reseca. Que recién me tiré un peo. Apuesto a que no pensarían lo mismo. Si supieran que hoy no me bañé. Que tengo sebo en el pelo. Que tengo una espinilla ciega en un cachete. Y que estoy llena de cañones. Que comí empanadas de queso con ají y tengo mal aliento. Si supieran que me hinché y los gases me suenan adentro. Si supieran que tengo las uñas de los pies largas. Que tengo pelo en la guata. Que tengo sarro en los dientes. Que tengo patos en las orejas. Que tengo mugre en las uñas. Que llevo el mismo calzón que ayer. Que tengo los medios pelos en las axilas. Que tengo pelos púbicos encarnados. Que tengo las manos pegajosas, porque me transpiran. Que hoy no me eché desodorante. Si supieran que bajo la ropa soy un montón de pliegues hediondos. Si supieran que cuando camino, mi piel parece gelatina. Que cuando alguien me aprieta, salen todas las hendiduras de la celulitis. Yo sonrío. Si supieran que sólo tengo buen lejos.

martes, 19 de junio de 2007

Qué mal

Aquí hay un poema de hace ns cuanto tiempo. Parece q del 2002. Una época bien rara en mi vida....jkajajaj. Bueno, aquí se pone lo bueno y lo malo, así q pirula no más.

Ydice!!

¿Cómo decirte lo que siento?
Si hasta hace poco no sentía nada
No confiarás en mi sentimiento,
pues tu dignidad ha sido lastimada.

Hace poco, no, fue la respuesta.
He cambiado mi manera de pensar,
tengo una nueva y sincera propuesta
que humilde,te quiero presentar.

Por lo menos, deberíamos intentarlo.
Si es que todavía te interesas por mí.
Haré todo para no arruinarlo,
para no tener que vivir sin tí.

La primera vez, mi corazón se confundía.
Mi mente, poseída por una obsesión,
cada uno de mis pensamientos aturdía.
Creía que con otro había pasión.

¡Qué equivocada yo estaba!
Necesité sentirte lejos para saberlo.
Era a tí a quien de verdad amaba,
sólo temía reconocerlo.

Miedo, a que fueras una ilusión.
Eres demasiado bueno para ser real.
Hoy sé. No eres mi invención.
Estas aquí. Sólo eres muy ideal.

Todo lo que quiero decir es te amo,
pero se complica todo.
Por eso decidía escribir.
Todo lo que quiero decir es te amo.

Lo que quiero decir es te amo.
Es simple, pero no para mí.
Por eso elegí escribir.
Se complica y el orden de las rimas rompí.

Qué wa....el que lo lea, que lo critike y q tire la primera piedra no más..jjajaja... Si la custión ta cursi, pero no importa. Yo soy así. Turín.

sábado, 16 de junio de 2007

Se buscan y no se encuentran

Él piensa a veces en ellas. Las va a ver, pero ellas no lo saben. Piensan que se fue. A veces piensan que podría estar cerca. A veces le da rabia estar ahí. Él no quería ir. Se lo llevaron a la fuerza. Lo hicieron abandonar lo que amaba. Lo dejaron en el vacío. Sin nada que hacer más que contemplar. Nada de acción. Le gustaría estar junto a ellas y hacer que dejaran de llorar. No quiere estar ahí, viendo a quienes ama llorar, sufrir, retorcerse de dolor. No quiere que lo olviden, pero no quiere que lo recuerden, porque ve que duele. Les duele. No puede hacer nada. Qué impotencia no poder estar de verdad. Qué impotencia estar tan cerca de ellas, sin que ellas lo noten. Qué pena que no lo noten. A él le gustaría hablar con ellas. Decir que no fue a propósito que lo perdonen por el dolor. No hay nada que hacer. Él también sufre, porque las tiene cerca, pero no las puede abrazar. Algo pasó a su cuerpo inconsistente. No quiere verlas llorar, ya no aguanta más. Qué impotencia sienten ellas. No haber podido hacer nada. No haberse dado cuenta. Qué ganas de haberse abrazado más.

A él le apena no haber aprovechado el tiempo. Ahora es tarde. A veces se olvida un poco y vaga. Contempla. No sabe bien qué hacer. Ésto es aún nuevo para él. Se siente perdido. Se siente culpable. Vuelve a lo mismo. Qué impotencia. Por qué no puede dejar de ser un escalofrío en sus espaldas, un no sé qué, un sentir algo raro. Quiere dejar de ser una pequeña brisa. Una presencia- ausencia. Un pequeño aire que se cuela por los espacios. Que busca grietas para entrar y tratar de envolverlas. Quiere estar. Ser. No puede. No hay vuelta atrás. Todo se fue a la mierda. Es demasiado tarde ya. No quiere verlas llorar. Pero sabe que es por él. Él sufre por eso. Quiere dejar de causar daño. Ellas lo extrañan. Como nunca. Cada día más. Buscan formas de sentirse cerca de él y no resulta. Ellas se quedan en blanco. Se estancan. S atolondran. Qué viene ahora. Dónde ir. Quién sabe. Ni él ni ellas saben qué hacer.

Él y ellas sufren, se convulsionan de dolor, se marchitan, se secan, se apagan, se acaban, se hunden, se revuelcan, se anestesian, se olvidan por un momento. Pero cuando el recuerdo vuelve, vuelve el retorcijón, eso extraño, algo se revuelve, algo quiere salir, algo quiere entrar. Por qué. Por qué. Por qué. No es justo para él ni para ellas. Quién tiene el derecho a quitarte la vida? Nadie. Si es tuya. Tu deberías decidir. Él no pudo decidir. Se lo llevaron. Le venían avisando hace tiempo y él luchaba contra eso, porque era su vida. Que por qué, por qué, por qué. A ellas les hace falta. También estaban avisadas hace tiempo, pero omitieron la advertencia de su cabeza, era mejor vivir como si nunca fuera a pasar. Como si todos fueran a estar juntos siempre. No querían pensar en cómo sería después.

Ellas lo extrañan y hoy el dolor es más grande. Hicieron lo que se pudo, pero no fue suficiente. Se apenan, lloran, se enrabian y odian. No es justo que hayan sido separadas de él. Uno debería tener la libertad para tomar esas decisiones. Ellas lo extrañan. Y no hay remedio para eso. ÉL las extraña y para eso no hay consuelo. Ellas se aturden, chocan entre ellas, rebotan a todos lados y vuelven donde mismo. Hacen caminos para deshacerlos. Es que la vida sin él no es lo mismo. Qué ganas de tenerlo con ellas. Él y ellas no volverán a estar juntos. Sufrirán por siempre. Gemirán por siempre. Nunca sabrán qué hacer.

Y quizás cuando exista la posibilidad de volver a estar juntos, mucho tiempo más adelante, él se haya perdido y ellas no lo encuentren. Y seguirán buscándose y esperándose y llorándose y sufriendose por siempre. Porque él estará por ahí vagando. Y ellas lo estarán buscando. Se extrañáran y se harán falta. Pero nunca más podrán sentirse, tocarse, olerse, hablarse, mirarse. Nunca más. Y se hacen falta. Y se extrañan. Y se necesitan. Y se hunden, se pierden, dan vueltas en círculo y chocan. Y no se encuentran y no se encontrarán. Llorarán y gemirán. Y sufrirán y se buscarán sin encontrarse.