martes, 11 de mayo de 2010
Afirmación
"A mí me dijo un profesor que cuando dos personas se aman, quieren tener hijos". Yo quería creer que no, traté de defenderme, pero no pude. ¡Maldición! Era verdad, yo también quería tener hijos, aunque me costara aceptarlo.
miércoles, 5 de mayo de 2010
martes, 20 de abril de 2010
Soy tonta, pero valgo la pena
Yo sé que soy tonta, aunque a los demás no les parezca. Yo sé que soy tonta, aunque no se den cuenta. Sí que soy bien tonta... N0 me digan que no, si yo sé que soy tonta como una puerta.
Me cuesta entender cuando me dan una instrucción. Siempre entiendo al revés, o sencillamente no entiendo. Me cuesta concentrarme y termino mirando los movimientos que hacen los labios de las otras personas sin entender los sonidos, o simplemente sin escucharlos. Si no te digo que soy tonta, tonta.
Me cuesta entender las noticias... Puedo estar sólo escuchando la radio y sólo se me quedan las noticias más blandas y eso. Nombres sin conexión, lugares sueltos, sin gente, hechos desordenados...en fin, cuando me preguntan después de verdad que nunca le achunto.
Me cuesta entender los temas que desconozco... como los autos, máquinas en general, biología, música. Hago que los entendí, pero aprendo algunas palabras clave de memoria y luego ¿es tal cosa? para que crean que algo sé. Pero te digo que no sé, si soy tonta, retonta.
Siempre tengo ese susto de que me van a pillar que soy tonta, que tengo que hacer otras cosas para ocultar mi tontera. En serio!
Y soy lenta... muy l e n t a... me cuesta mucho hacer las cosas bien y concentrarme. Tal como ahora! No puedo dejar de hacer otras cosas, me distraigo a cada rato. Como soy lenta, me pongo nerviosa y al apurarme hago todo mal.
En serio, soy muy tonta! Está bien, soy tonta, pero estoy bien conforme, porque tengo tantas otras cosas buenas, buenísimas, que me hacen tan especial, pero no especial de mongola, sino especial especial, de verdad. Y yo lo sé, y les saco partido. Me gustaría contarlas, pero creo que no lo haré, porque se pierde la magia, el encanto. Y yo sí que sé seducir, cuando quiero, obvio, pero no sólo seduzco para enamorar... o puede ser que sí, pero no sólo en el amor de pareja sino que en todo ámbito, trabajo, amigos, familia, conocidos...sí! Soy seca...
Debe haber algunos que ya saben qué hago para seducir, pero aún así no sirve de mucho, porque no se dan cuenta cuando está pasando. Y no cualquiera puede copiar mis técnicas, porque vaya, es muy difícil.
Como todos, tengo cosas buenas y malas, muy malas, como ser tonta. Sin embargo, soy buena en ese sentido egoísta de seducción y no tan egoísta de seducción también. Pero además soy buena buena, de adentro como quien dice. Aperro hasta el final con los míos y quiero que estén bien y trato de hacer todo lo posible para que así sea.
Así que ya saben... puedo ser tonta como puerta, pero les conviene arrimarse a mi ala, porque soy buena buena, aunque no entienda ni jota.
Me cuesta entender cuando me dan una instrucción. Siempre entiendo al revés, o sencillamente no entiendo. Me cuesta concentrarme y termino mirando los movimientos que hacen los labios de las otras personas sin entender los sonidos, o simplemente sin escucharlos. Si no te digo que soy tonta, tonta.
Me cuesta entender las noticias... Puedo estar sólo escuchando la radio y sólo se me quedan las noticias más blandas y eso. Nombres sin conexión, lugares sueltos, sin gente, hechos desordenados...en fin, cuando me preguntan después de verdad que nunca le achunto.
Me cuesta entender los temas que desconozco... como los autos, máquinas en general, biología, música. Hago que los entendí, pero aprendo algunas palabras clave de memoria y luego ¿es tal cosa? para que crean que algo sé. Pero te digo que no sé, si soy tonta, retonta.
Siempre tengo ese susto de que me van a pillar que soy tonta, que tengo que hacer otras cosas para ocultar mi tontera. En serio!
Y soy lenta... muy l e n t a... me cuesta mucho hacer las cosas bien y concentrarme. Tal como ahora! No puedo dejar de hacer otras cosas, me distraigo a cada rato. Como soy lenta, me pongo nerviosa y al apurarme hago todo mal.
En serio, soy muy tonta! Está bien, soy tonta, pero estoy bien conforme, porque tengo tantas otras cosas buenas, buenísimas, que me hacen tan especial, pero no especial de mongola, sino especial especial, de verdad. Y yo lo sé, y les saco partido. Me gustaría contarlas, pero creo que no lo haré, porque se pierde la magia, el encanto. Y yo sí que sé seducir, cuando quiero, obvio, pero no sólo seduzco para enamorar... o puede ser que sí, pero no sólo en el amor de pareja sino que en todo ámbito, trabajo, amigos, familia, conocidos...sí! Soy seca...
Debe haber algunos que ya saben qué hago para seducir, pero aún así no sirve de mucho, porque no se dan cuenta cuando está pasando. Y no cualquiera puede copiar mis técnicas, porque vaya, es muy difícil.
Como todos, tengo cosas buenas y malas, muy malas, como ser tonta. Sin embargo, soy buena en ese sentido egoísta de seducción y no tan egoísta de seducción también. Pero además soy buena buena, de adentro como quien dice. Aperro hasta el final con los míos y quiero que estén bien y trato de hacer todo lo posible para que así sea.
Así que ya saben... puedo ser tonta como puerta, pero les conviene arrimarse a mi ala, porque soy buena buena, aunque no entienda ni jota.
viernes, 15 de enero de 2010
Al final
No quiero nada. No tengo ganas de nada. Siento que entrego mucho y recibo poco. ¿Está mal querer recibir algo? Siento que acompaño mucho y me abandonan más. Siento que me dicen cosas, pero demuestran otras. Que no importa todas las preguntas que haga, no hay respuestas. ¿Cómo se puede confiar?
Siempre esperando, siempre al final. Al final, la vida sigue igual.
Siempre esperando, siempre al final. Al final, la vida sigue igual.
jueves, 17 de septiembre de 2009
¿Cómo estás?
Otra vez te tuve y no te tomé en cuenta. No te miré. No sostuve tu mano. No te miré. Por un momento pensé que estabas bien, que todo estaba bien, como antes. Estabas un poco idiota, como antes. Hablabas golpeado, como antes. Estaba ella también, sí, como antes. No te miré. No puedo creer que no te haya mirado, que haya dejado pasar ese momento. ¿Definitivamente no te miré? No, no lo hice. Te tuve seguro y no me preocupé de disfrutar esos pocos segundos que te tuve de vuelta. ¿Cómo no me di cuenta? Era sólo un instante, ¿cómo no me di cuenta?
Dejé que las cosas pasaran. No tomé la iniciativa, como antes. No consideré tus palabras, como antes. Hasta sentí que me molestaba tu presencia, como antes. No sé cómo pude ser tan ciega. No me di cuenta de que era un regalo. Eran unos segundos en los que tenía de vuelta. No sólo estabas acá... ¡Estabas bien!
De pronto desperté y me dolió golpearme con la realidad. No estabas. No ibas a volver. Te tuve y te dejé ir como si nada. ¿Cómo pude ser tan tonta? Me confié. Y me dio rabia no haberte mirado para saber cómo estás, cómo te tratan ahí donde sea que vivas ahora. ¡Qué rabia! Fui tan tonta. Sólo me queda pensar que si es que hay una próxima vez, te voy a aprovechar al máximo... Ahora voy a estar alerta a cada momento, cada situación, con las personas que sea, porque puedes estar ahí y no voy a dejar pasar la ocasión para saber cómo estás.
Dejé que las cosas pasaran. No tomé la iniciativa, como antes. No consideré tus palabras, como antes. Hasta sentí que me molestaba tu presencia, como antes. No sé cómo pude ser tan ciega. No me di cuenta de que era un regalo. Eran unos segundos en los que tenía de vuelta. No sólo estabas acá... ¡Estabas bien!
De pronto desperté y me dolió golpearme con la realidad. No estabas. No ibas a volver. Te tuve y te dejé ir como si nada. ¿Cómo pude ser tan tonta? Me confié. Y me dio rabia no haberte mirado para saber cómo estás, cómo te tratan ahí donde sea que vivas ahora. ¡Qué rabia! Fui tan tonta. Sólo me queda pensar que si es que hay una próxima vez, te voy a aprovechar al máximo... Ahora voy a estar alerta a cada momento, cada situación, con las personas que sea, porque puedes estar ahí y no voy a dejar pasar la ocasión para saber cómo estás.
viernes, 27 de febrero de 2009
Cárcel
Vivo encerrada. Soy una prisionera. Tengo cadenas en las manos, grilletes en los pies y una correa me aprieta el cuello.
Mis carceleros siguen cada uno de mis pasos, gestos y movimientos para ver si estoy intentando escapar otra vez. A veces me desespero y tiro y tiro...pero no llego muy lejos. La correa no me deja respirar, mis ojos se ponen rojos y a veces pierdo la conciencia. Cuando despierto, puedo respirar, mi sangre corre por mis venas sin dificultad, pero estoy otra vez al principio con correas de refuerzo. Tengo que empezar todo de nuevo para que vayan largando otra vez mis cadenas de a poco.
Estoy encerrada en una cárcel disfrazada de familia o de hogar, como le quieran llamar. Es la más dolorosa e inexplicable de todas las prisiones. Tus gendarmes dicen que te quieren, pero te ponen grilletes en los pies. Dicen que confían en ti, pero siguen tus pasos en el estrecho radio que tienes de movimiento. Dicen que quieren cuidarte, pero aprietan tus cadenas y no te asfixian.
Las justificaciones no me importan...¡¡¡quiero huir!!!
Siempre me dicen que soy tan loca, tan impulsiva, tan inocente, tan confiada. Así me amarraron al principio. Es que le podía hablar a cualquier extraño en la calle...y quizás qué me podía pasar...¿por qué no me dejaron crecer?
Después me convencieron de que yo no concía el mundo, desconfiaban de él y todas sus amenazas, de las que yo no me podría defender. Supuestamente tenía las herramientas, pero no confiaban en mis capacidades de poder usarlas.No las había usado...¡obvio! si nunca me habían dejado... No querían que sufriera.
Cuando se dieron cuenta de que al parecer tenía más capacidades de las que creían y sabía manejarme un poco mejor de lo que imaginaban, me apretaron con fuerza, me tiraron otra vez hacia ellos y me asfixiaba. Dejé de tirar para escapar, porque eso sólo me hacía más daño. Tenía que encontrar la forma, la estrategia para liberarme sin hacerme más heridas en el cuello y muñecas, sin dejarme más hemorragias en los ojos y las uñas, sin moretones por todos los tropezones y las caídas por los tirones bruscos.
Me gané su confianza y me enlazaron a otro lado. Un carcelero que tenía máscara de ángel. Parecía una luz brillante y salvadora, que me llenó de ilusión. Cuando me acerqué demasiado, sacó una cuerda y me enlazó, como a una res. Simplemente me alumbraba con una linterna y para darle un efecto más místico le puso papel brillante y de celofán como filtro. El papel brillante funcionó como espejo y me encandiló. Por eso cuando estuve otra vez presa, me di cuenta de lo que pasaba. Era una trampa.
Ahora de los dos lados me tiraban. A veces se ponían de acuerdo para tenerme encerrada un tiempo mis primeros carceleros y después, el segundo.
Ahora he tratado de soltarme de los dos lados y no resulta...me hacen daño, me aprietan, me ahogan y redoblan la vigilancia sobre mí.
Quiero huir
Mis carceleros siguen cada uno de mis pasos, gestos y movimientos para ver si estoy intentando escapar otra vez. A veces me desespero y tiro y tiro...pero no llego muy lejos. La correa no me deja respirar, mis ojos se ponen rojos y a veces pierdo la conciencia. Cuando despierto, puedo respirar, mi sangre corre por mis venas sin dificultad, pero estoy otra vez al principio con correas de refuerzo. Tengo que empezar todo de nuevo para que vayan largando otra vez mis cadenas de a poco.
Estoy encerrada en una cárcel disfrazada de familia o de hogar, como le quieran llamar. Es la más dolorosa e inexplicable de todas las prisiones. Tus gendarmes dicen que te quieren, pero te ponen grilletes en los pies. Dicen que confían en ti, pero siguen tus pasos en el estrecho radio que tienes de movimiento. Dicen que quieren cuidarte, pero aprietan tus cadenas y no te asfixian.
Las justificaciones no me importan...¡¡¡quiero huir!!!
Siempre me dicen que soy tan loca, tan impulsiva, tan inocente, tan confiada. Así me amarraron al principio. Es que le podía hablar a cualquier extraño en la calle...y quizás qué me podía pasar...¿por qué no me dejaron crecer?
Después me convencieron de que yo no concía el mundo, desconfiaban de él y todas sus amenazas, de las que yo no me podría defender. Supuestamente tenía las herramientas, pero no confiaban en mis capacidades de poder usarlas.No las había usado...¡obvio! si nunca me habían dejado... No querían que sufriera.
Cuando se dieron cuenta de que al parecer tenía más capacidades de las que creían y sabía manejarme un poco mejor de lo que imaginaban, me apretaron con fuerza, me tiraron otra vez hacia ellos y me asfixiaba. Dejé de tirar para escapar, porque eso sólo me hacía más daño. Tenía que encontrar la forma, la estrategia para liberarme sin hacerme más heridas en el cuello y muñecas, sin dejarme más hemorragias en los ojos y las uñas, sin moretones por todos los tropezones y las caídas por los tirones bruscos.
Me gané su confianza y me enlazaron a otro lado. Un carcelero que tenía máscara de ángel. Parecía una luz brillante y salvadora, que me llenó de ilusión. Cuando me acerqué demasiado, sacó una cuerda y me enlazó, como a una res. Simplemente me alumbraba con una linterna y para darle un efecto más místico le puso papel brillante y de celofán como filtro. El papel brillante funcionó como espejo y me encandiló. Por eso cuando estuve otra vez presa, me di cuenta de lo que pasaba. Era una trampa.
Ahora de los dos lados me tiraban. A veces se ponían de acuerdo para tenerme encerrada un tiempo mis primeros carceleros y después, el segundo.
Ahora he tratado de soltarme de los dos lados y no resulta...me hacen daño, me aprietan, me ahogan y redoblan la vigilancia sobre mí.
Quiero huir
domingo, 8 de febrero de 2009
Gracias
y así como las cosas empiezan, también terminan. A veces mejor para unos, otras para otros. A veces, nadie sale bien parado. Quedan los recuerdos, buenos y malos, tristes, alegres y anecdóticos. Quedan los gestos, las miradas, las manos entrelazadas, los abrazos, los besos; todo dentro del corazón. Quedan las enseñanzas.
Quedan los momentos en los que quisiste huir. Quedan los momentos que quisiste que duraran para siempre. Quedan los sabores, los olores, las texturas, colores, sensaciones. Todo eso que queda, todo eso pasó. Quedan esas cosas únicas que entregó cada uno, que hacen de una relación entre dos personas, una burbuja con un mundo aparte, irrepetible.
Quedan tantas cosas que al mismo tiempo dejas ir. Quedan incluso los momentos que quisieras olvidar. Quedan los clichés y las cursilerías. Todo eso que pasó, todo lo que fue, todo lo que se terminó es lo que queda. Quedan las discusiones, las risotadas, las niñerías, las muestras de madurez, la compañía, la lealtad, los juegos, las mentiras, las verdades, las celebraciones, los cumpleaños, los tragos, las comidas, el cariño.
Todo ese pasado queda, aunque a veces te gustaría dejarlo ir, que te abandonara, que no te siguiera los pasos, que no estuviera en cada decisión, en cada movimiento que realizas durante el día. Imposible, se queda contigo, los recuerdos habitan en ti y no queda más que aprender a convivir con ellos. Mejor ni siquiera tratar de borrar todo lo compartido. Es así y punto. Ya pasó y aquí está. No queda más que decir gracias por todo lo entregado, consciente e inconscientemente, porque todo lo compartido, te hizo más fuerte, más grande, mejor persona. Sólo queda intentar no cometer los errores del pasado.
Yo no voy a tratar de borrar los recuerdos, sería borrar una parte de mí.
Gracias, de verdad.
Quedan los momentos en los que quisiste huir. Quedan los momentos que quisiste que duraran para siempre. Quedan los sabores, los olores, las texturas, colores, sensaciones. Todo eso que queda, todo eso pasó. Quedan esas cosas únicas que entregó cada uno, que hacen de una relación entre dos personas, una burbuja con un mundo aparte, irrepetible.
Quedan tantas cosas que al mismo tiempo dejas ir. Quedan incluso los momentos que quisieras olvidar. Quedan los clichés y las cursilerías. Todo eso que pasó, todo lo que fue, todo lo que se terminó es lo que queda. Quedan las discusiones, las risotadas, las niñerías, las muestras de madurez, la compañía, la lealtad, los juegos, las mentiras, las verdades, las celebraciones, los cumpleaños, los tragos, las comidas, el cariño.
Todo ese pasado queda, aunque a veces te gustaría dejarlo ir, que te abandonara, que no te siguiera los pasos, que no estuviera en cada decisión, en cada movimiento que realizas durante el día. Imposible, se queda contigo, los recuerdos habitan en ti y no queda más que aprender a convivir con ellos. Mejor ni siquiera tratar de borrar todo lo compartido. Es así y punto. Ya pasó y aquí está. No queda más que decir gracias por todo lo entregado, consciente e inconscientemente, porque todo lo compartido, te hizo más fuerte, más grande, mejor persona. Sólo queda intentar no cometer los errores del pasado.
Yo no voy a tratar de borrar los recuerdos, sería borrar una parte de mí.
Gracias, de verdad.
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